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El cerrojo de cuello - Historia del taoísmo en China


El cerrojo de cuello



El tercer cerrojo es el del cuello, y resulta el más fácil de aplicar ya que no participa en el mantenimiento de la presión abdominal. Para aplicar el cerrojo de cuello, primero ha de contraer los músculos de la garganta y cerrar la glotis sobre los tubos bronquiales. Luego encoja ligeramente la barbilla en dirección a la garganta sin do­blar el cuello hacia adelante. Esto cierra la garganta y al mismo tiempo estira la parte posterior del cuello. Compruebe que mantiene los hom­bros relajados, pues de otra forma tienden a encorvarse y a tensar la nuca.

El cerrojo de cuello ofrece varios efectos beneficiosos. Comprime parcialmente las arterias carótidas en la garganta, con lo que impide que la presión abdominal aumentada provoque un excesivo aflujo de sangre al cerebro, cosa que podría originar mareos, molestias y una presión indeseable en los sensibles capilares cerebrales. El cerrojo de cuello desvía el exceso de sangre que acude al cerebro y la dirige hacia las extremidades y otras partes del cuerpo, aunque manteniendo siem­pre una abundante circulación cerebral. Asimismo, el cerrojo de cue­llo produce una extensión adicional de toda la columna vertebral du­rante la retención del aliento, con lo que estimula todos los centros nerviosos y de energía situados a lo largo de la misma, y favorece el ascenso de la energía por el Canal Gobernador desde el sacro hasta el cerebro. Al cerrar la glotis y tensar la garganta se «bloquea» literal­mente el aliento en el interior de los pulmones, lo que hace mucho más fácil su control. Sin la aplicación del cerrojo de cuello, el aliento retenido ejerce una presión exhalatoria en todo el conducto hasta las aberturas nasales y las trompas de Eustaquio, lo cual resulta desagra­dable e indeseable. Al comprimir las arterias carótidas, el cerrojo de cuello ayuda a regular el corazón, pues lo hace latir más lenta y pro­fundamente. También ejerce una leve presión sobre el nervio del seno carótido, cosa que ayuda a dirigir la atención hacia el interior durante el control de la respiración.

El mejor ejercicio para realizar el cerrojo de cuello es una clásica postura de yoga denominada el «Arado», que se expone en el capítu­lo 4. Este ejercicio, además, estira y flexibiliza toda la columna verte­bral, desde la cabeza hasta el cóccix, abriendo centros de energía y es­timulando nervios esenciales. Adopte el Arado como parte integrante de su programa cotidiano.

Regularidad rítmica



Las transiciones entre retención y exhalación, y entre exhalación e inhalación, deben ser siempre lentas, suaves y deliberadas, no bruscas, repentinas e incontroladas. La duración real de cada fase no es tan importante como la duración relativa y la suavidad de la transición. Al principio, los pulmones, diafragma, abdomen y aparato circulatorio ofrecerán resistencia a los rigores de la respiración diafragmática pro­funda, por falta de costumbre, pero con paciencia y perseverancia pronto se adaptarán a ella y funcionarán mejor que nunca. Al empe­zar, lo más importante es concentrarse en la regularidad rítmica de las cuatro fases del control respiratorio, antes que tratar de prolongar cada una de las fases.

El universo entero y todas sus partes funcionan rítmicamente, y los organismos prosperan en la medida en que armonizan sus propios rit­mos internos con las grandes pautas de la naturaleza. El ciclo sueño/ vigilia se ajusta al ritmo del día y la noche, los ciclos menstruales si­guen los ritmos de la luna y los latidos del corazón siguen los ritmos de la respiración. La mente tiende naturalmente al ritmo y, por consi­guiente, la respiración rítmica favorece muchísimo la capacidad de la mente para concentrarse hacia el interior y absorberse por completo en el proceso respiratorio.

Ir contando mentalmente los segundos es una forma de medir la duración relativa de las diversas fases del control respiratorio, pero puede distraer la atención. Resulta más aconsejable contar los latidos del corazón, para lo que hace falta bloquear la información sensorial externa, interrumpir el «diálogo interior» y concentrar la atención en los latidos y el aliento. Una de las mejores maneras de cultivar esta conciencia interior consiste en concentrar la atención en la región del ombligo Y tratar de visualizarla como expandiéndose y contrayéndose a cada respiración. Como un maestro taoísta solía decir a sus discípu­los, «concentrad la atención en el abdomen inferior y acabaréis sa­biendo todo lo que se puede saber sobre vuestro cuerpo».

En cuanto la mente se aparta de la respiración, la respiración pierde inmediatamente su ritmo, así que, al practicar ejercicios respi­ratorios, hay que estar muy atento a lo que se está haciendo. Tras una larga práctica, llegará a familiarizarse tanto con los diversos ritmos in­volucrados en la respiración que podrá juzgar la duración relativa de cada fase sin necesidad de contar los segundos y ni siquiera de pensar en ello.

Existen varias pautas rítmicas básicas que pueden utilizarse en la respiración profunda. Una consiste en hacer durar la exhalación el doble que la inhalación, con una breve retención y una breve pausa entre cada fase. Esta pauta de exhalación prolongada proporciona un vigoroso estímulo a la circulación de la sangre y de la energía, expulsa las toxinas de pulmones y torrente sanguíneo y estimula el nervio neu­mogástrico. Otra pauta respiratoria que suele utilizarse con frecuencia es la de dar la misma duración a las cuatro fases. Esta pauta favorece la asimilación de Qi, regulariza los latidos del corazón, disminuye la presión de la sangre y mejora el intercambio gaseoso en los pulmo­nes.

Al comenzar cualquier programa de respiración profunda, los prin­cipiantes deben estar preparados para la aparición de diversos signos. Suele haber cierta tendencia a transpirar y a notar flashes de calor en varios puntos del cuerpo, sobre todo tras la retención. Esto se debe al calor liberado por la respiración celular y a la aceleración de la ener­gía vital en la red de meridianos. Es probable que eructe y suelte ven­tosidades durante los primeros minutos de la sesión respiratoria. Esto se debe al profundo masaje que reciben los órganos abdominales con el descenso del diafragma y las diferencias de presión entre tórax y ab­domen, e indica que la práctica es correcta; además, es una buena forma de expulsar gases nocivos por ambos extremos del tracto diges­tivo. A veces sentirá hormigueos o corrientes que se desplazan a lo largo de la columna, o por brazos y piernas, o por encima de la coro­nilla: es el Qi que circula por los meridianos, impulsado por la fuerza de la respiración. Entre los posibles signos que más suelen molestar a los principiantes figuran esporádicas sensaciones de mareo, el entume­cimiento de las extremidades y temblores musculares, pero tampoco aquí hay motivo de preocupación: son consecuencias directas de la apertura de canales de energía hasta entonces descuidados y de la cir­culación de Qi a través de ellos. Cuando se activan partes del cuerpo crónicamente privadas de sangre y energía, suele sentirse un hormi­gueo, lo mismo que cuando un pie «se ha dormido» y lo apoya usted en el suelo. Con la práctica, todos los canales acabarán abriéndose y la energía circulará de forma suave y regular por todo el organismo, en cuyo momento ya no volverán a notarse estas sensaciones.

La Respiración del Guerrero y la Respiración del Letrado



En el Qigong hay dos formas básicas de respirar: la Respiración del Guerrero (wu hsi) y la Respiración del Letrado (wen hsi). La Respira­ción del Guerrero es forzada, potente, audible e inducida por podero­sas y deliberadas contracciones del diafragma y la pared abdominal. La Respiración del Letrado es natural, suave, silenciosa y relativa­mente libre de esfuerzos.

La Respiración del Guerrero resulta mejor para los ejercicios de respiración terapéutica que pretenden fortalecer el cuerpo, absorber y acumular Qi, estimular la circulación de la sangre y favorecer la vita­lidad y la salud física en general. La atención mental debe centrarse exclusivamente en el proceso respiratorio.

La Respiración del Letrado se utiliza sobre todo para la medita­ción y para practicar la respiración rítmica durante las actividades or­dinarias, tales como leer, caminar, trabajar y demás. La Respiración del Letrado no exige una atención tan exclusiva como la del Gue­rrero, ya que es más natural, pero la mente debe permanecer alerta en un segundo plano para verificar que las cuatro fases de la respira­ción se ejecuten rítmicamente. La fuerza impulsora en la Respiración del Letrado sigue siendo el diafragma, pero aquí no se expande ni se contrae en tan gran medida como en la Respiración del Guerrero.

La Respiración del Guerrero y la del Letrado son en realidad dos métodos distintos para practicar cualquier ejercicio respiratorio, más que ejercicios respiratorios en sí mismas. La diferencia fundamental es que la Respiración del Guerrero resulta básicamente estimulante para el organismo y prepara para el «combate», es decir, para la acción. La Respiración del Letrado, en cambio, es sedante para el organismo y resulta apropiada para la contemplación, la concentración, la medita­ción y demás. La principal diferencia técnica está en la fuerza que hay tras el aliento.

Estas dos clases de respiración pueden combinarse en una misma sesión de ejercicios. Por ejemplo, antes de comenzar una sesión de meditación es buena idea estimular los centros de energía y poner la circulación en movimiento con unos cuantos minutos de la forzada Respiración del Guerrero, para luego pasar suavemente a la más pa­siva Respiración del Letrado. Puede utilizar la Respiración del Le­trado para relajar y enfriar el organismo tras realizar una serie pro­longada de ejercicios con la Respiración del Guerrero. Utilice la Respiración del Letrado a lo largo del día, en el curso de sus activida­des normales, pero estimule de vez en cuando la energía y la circulación con unos minutos de Respiración del Guerrero. Con el tiempo, llegará a familiarizarse con las sutilezas de ambas clases de respiración v sabrá intuitivamente cuándo hay que aplicar cada una.

EJERCICIOS RESPIRATORIOS BÁSICOS



Los diferentes ejercicios respiratorios proporcionan diferentes be­neficios. Unos, por ejemplo, favorecen específicamente la asimilación y la circulación del oxígeno y el Qi, mientras que otros se concentran en la rápida expulsión de toxinas de los pulmones y la corriente san­guínea, y otros son sedantes o estimulantes para el organismo. Me­diante la práctica de una variedad de ejercicios distintos, el adepto ob­tiene toda la gama de beneficios y aprende a utilizar cada uno de ellos para aplicaciones prácticas concretas.

Quienes no han practicado nunca la respiración abdominal pro­funda deberían antes que nada familiarizarse con el diafragma por medio del siguiente ejercicio. Tiéndase de espaldas sobre una alfom­bra, un césped o cualquier otra superficie plana y firme, pero no en un colchón. Relaje completamente el cuerpo, con las piernas estiradas y ligeramente separadas, los brazos a los lados y el cuello cómoda­mente estirado. Apoye una palma sobre el abdomen, justo por debajo del ombligo, y coloque la otra sobre la caja torácica. Acto seguido, vacíe del todo los pulmones y comience a inhalar lentamente por la nariz, dirigiendo el aire hacia el fondo de los pulmones. A menos que tenga el diafragma y la pared abdominal completamente paralizados, notará que la parte inferior del abdomen se le va hinchando a medida que inhala. Cuando el abdomen deje de dilatarse, siga inspirando y fí­jese cómo se abre la caja torácica según va entrando el aire en la parte media de los pulmones. Retenga el aliento unos pocos segundos y co­mience a exhalar por la nariz de forma lenta, larga y controlada. Esta vez notará que la caja torácica es lo primero que se cierra, seguida por la contracción del abdomen inferior. Ésta es la sensación correcta de la respiración abdominal profunda. A continuación, coloque una piedra lisa y redonda o un listín telefónico sobre el bajo abdomen y repita el ejercicio con los brazos estirados a ambos lados del cuerpo, haciendo subir y bajar el peso mediante las extensiones y contraccio­nes de la pared abdominal. Practique estos dos ejercicios a diario du­rante un par de semanas, hasta que haya comprendido bien cómo fun­cionan el diafragma y la pared abdominal durante la respiración profunda, y luego comience con la práctica regular de los ejercicios que se explican a continuación:

El Fuelle

Se trata de un ejercicio respiratorio clásico destinado a eliminar to­xinas de los pulmones y de la corriente sanguínea, cosa especialmente importante en esta época de contaminación ambiental. Debería practi­carse entre los ejercicios de larga vida, al principio de los ejercicios de respiración profunda y siempre que note estancadas la respiración y la circulación.

Postura: Postura del Caballo, o bien sentado.

Técnica: Apoye firmemente la lengua sobre el paladar y manténgala ahí durante todo el ejercicio.

Comience expulsando con fuerza todo el aire de los pulmones por medio de una vigorosa contracción de la pared abdominal. Puede exhalar por la nariz o por la boca: si el tiempo es frío y seco, hágalo por la nariz; si es caluroso y húmedo, re­sulta preferible exhalar por la boca. Inmediatamente después de la ex­pulsión del aire, deje que los pulmones vuelvan a llenarse natural­mente a consecuencia del vacío creado en su interior y ejerza un pequeño esfuerzo adicional para llenarlos únicamente hasta la mitad, más o menos. Los pulmones no han de llenarse más allá de la mitad durante la práctica del Fuelle, y no se debe hacer ningún esfuerzo para inhalar. Concéntrese plenamente en las exhalaciones abdomina­les que vacían por completo los pulmones. En este ejercicio no se hace ninguna pausa ni retención del aliento.

Cuando los pulmones estén medio llenos, contraiga de inmediato la pared abdominal para la expulsión forzada de otra bocanada de aire. Luego deje que vuelva a entrar el aire y vaya repitiendo conti­nuamente estos pasos al ritmo de unas 20 respiraciones por minuto. El sonido y la sensación deben ser los de un fuelle que aviva lenta­mente las llamas de una hoguera con voluminosos golpes de aire.

Si durante la realización de este ejercicio experimenta la sensación de «quedarse sin aire» y necesita cobrar aliento, limítese a hacer una pausa e inhalar lenta y profundamente. Retenga el aire unos segun­dos, exhale a fondo y continúe con el Fuelle.

Esta respiración puede practicarse durante dos o tres minutos en cualquier momento del día o de la noche, con el fin de expulsar toxi­nas y rejuvenecer el sistema de energía, y debería incorporarla tam­bién a su programa habitual. Puesto que el Fuelle deja la corriente sanguínea súper oxigenada, tras cada sesión de respiración de Fuelle es aconsejable restablecer la proporción normal de oxígeno / dióxido de carbono mediante unas cuantas inhalaciones profundas seguidas de breves retenciones.

Observaciones: Debido a las pronunciadas contracciones de la pared abdominal, en este ejercicio no se aplica el cerrojo abdominal, pero hay que mantener el ano y el cuello medio bloqueados.

Procure no hacer muecas. La tensión de los músculos faciales

cabeza. Mantenga los hombros relajados y recurra únicamente a las contracciones abdominales para expeler el aire de los pulmones.

Beneficios: El Fuelle expulsa el aire residual viciado de los más pro­fundos repliegues de los pulmones y limpia y despeja eficazmente todas las vías aéreas de la garganta y la cabeza. Como ayuda a expeler las toxinas de los alvéolos, constituye una excelente terapia para los fumadores y los habitantes de zonas urbanas. El aumento de los nive­les de oxígeno durante la respiración en Fuelle revitaliza la sangre y los tejidos y estimula el metabolismo. Las dosis adicionales de oxígeno resultan muy calmantes para los circuitos «de acción» del sistema ner­vioso simpático, al tiempo que estimulan, entre otras, las funciones di­gestivas del sistema neumogástrico.

El Fuelle tonifica y fortalece el diafragma y los músculos abdomi­nales, lo que redunda en una mejoría general del control respiratorio. Amplifica el poder impulsor del diafragma sobre la circulación arterial y venosa, con lo que asegura la circulación de la sangre hasta los más minúsculos capilares.

Las contracciones rítmicas de la pared abdominal aumentan la oxi­genación de los tejidos abdominales, lo que contribuye a quemar el exceso de grasa abdominal. Asimismo, estas vigorosas contracciones proporcionan un masaje terapéutico a los órganos y glándulas inter­nos.

El Fuelle refresca el cerebro al irrigarlo con sangre rica en oxí­geno. Las vigorosas exhalaciones envían una serie de poderosas olea­das por todo el sistema circulatorio, que se desplazan por las arterias carótidas hasta el cerebro, donde hacen que éste se dilate y se con­traiga rítmicamente, ejerciendo así un masaje cerebral sumamente be­neficioso que ayuda a distribuir equilibradamente el líquido cefalorra­quídeo por todos los tejidos cerebrales. A pesar de ello, este ejercicio no ofrece ningún riesgo en absoluto para el cerebro, pues la presión de la sangre permanece constante. Lo único que aumenta es el ritmo y el volumen de la circulación sanguínea.

Compruebe usted mismo la lucidez que se experimenta tras la práctica del Fuelle. Pruébelo cuando se encuentre físicamente ex­hausto, mentalmente confuso o emocionalmente alterado. Le sorpren­derá descubrir lo rápidamente que restaura el equilibrio e incrementa los niveles de energía.
2014-07-19 18:44
  • Контрольная работа
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